SE VA UN MAESTRO

martes, enero 10, 2012

En julio del 2004 tuve la suerte de conocer a Ricardo Legorreta y a su hijo Víctor en la inauguración del hotel Sheraton de Bilbao (hoy integrado en el grupo Meliá). En ese encuentro tuve la ocasión de descubrir que este gran arquitecto, al que seguía con interés desde mis años de carrera, era además un hombre muy cercano. ¿Será por eso que sus edificios son tan cálidos?

Su arquitectura profundamente enraizada en la compleja cultura de México, que en parte también es mi país –mi padre nació allí y yo tuve su nacionalidad–, siempre me atrajo. Al adentrarnos en su obra nuestros sentidos se deleitan con su maestría en el manejo de la luz, los colores y hasta el agua.

De pequeño pernocté con mi padre en el hotel Camino Real del barrio de Polanco, en México DF, levantado por Legorreta en 1968 con motivo de los Juegos Olímpicos en el país azteca. Me quedé impresionado, hasta tal punto que creo que en ese momento decidí dedicarme a la arquitectura.

En planta, el hotel se vertebra a través de patios ajardinados, al igual que en los antiguos monasterios. De hecho, los llamaban “misiones” en la fase de diseño, bautizándolos con nombres como San Francisco, San Juan o La Palma. Precisamente, sacar lo mejor de la propia tradición, a la manera que lo hizo Legorreta, es una enseñanza que procuro no olvidar.

Su diseño se realza, además, con una selección de obras imponentes: los murales de Rufino Tamayo y Mathias Goeritz, y una escultura de Alexander Calder. Como guinda, la participación en el paisajismo de otro gran arquitecto mexicano, Luis Barragán, también experto en aprovechar los efectos de la luz y el agua.

Mi interés por la obra de Legorreta hizo que me comprara a principios de los noventa, mientras estudiaba la carrera, el volumen La Arquitectura de Ricardo Legorreta (Ed. Limusa) en la librería El Parnasillo de Pamplona. Cosa insólita, porque lo normal era dejarse el dinero en cervezas. Pero esas páginas lo valían. Me adentraban en una arquitectura sensorial contrapuesta al empacho tecnológico al que nos tiene acostumbrado el primer mundo.

Legorreta construye espacios sensibles a la luz y siempre busca establecer un diálogo con el agua, al igual que lo hicieron Frank Lloyd Wright en la Casa de la Cascada o el diseñador del Patio de los Leones en la Alhambra. Además, sus edificios mejoran con el tiempo, ofreciendo las cualidades de lo añejo.

Pasaron los años y pude disfrutar, de visita en México, de otros proyectos de Legorreta, como la casa de Valle de Bravo, el hotel Camino Real de Cancún, el conjunto residencial Pasaje Santa Fe o la imponente fachada de la fábrica Renault de Durango. Todos inspiradores.

Por todo ello, mi más sentido pésame a su familia. Se va un maestro.

José Ramón Foraster

 

 

 


 

 

 

 

 

Comentarios
RICARDO ESCUDERO commented on 10-Jan-2012 11:57 AM
LA VERDAD ES QUE NO SABIA QUE ESTE SEÑOR HABIA HECHO TANTAS COSAS,ES UNA PENA QUE HAYAMOS PERDIDO A UN PERSONAJE TAN SINGULAR. UN ABRAZO A SU FAMILIA
Elisa Diaz Tejeiro commented on 10-Jan-2012 08:42 PM
Es una pena que nos haya dejado un artista como este gran arquitecto.Gracias a Dios nos quedan sus obras.


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